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Recuerdos y reencuentros.

martes, 28 de julio de 2015

LLERENA, REFLEXIONES DE ANTES Y DE DESPUÉS DE 1870. Antonio Mateos Martín de Rodrigo.

a propósito del libro  CRÓNICA DE LA PROVINCIA DE BADAJOZ, año de 1870, de Henao y Muñoz O, AL, FINAL,EL ANUNCIO DE UNA PUÑALADA TRAPERA A LLERENA..

A Pepe Lepe.

[Llerena], tu nombre ya está listo, temblando en un papel... 
Blas de Otero.

LLERENA: LA CIUDAD IMPOSIBLE DEL CEMENTO…

Recuerdo que en los años sesenta del siglo pasado yo oía que en Llerena, de revuelta a su cíclica postración económica; recuerdo vívidamente, que se decía que iban a traerse numerosas industrias, ¡hasta una fábrica de tractores húngaros¡, decíase en la época del desarrollismo; pero, al mismo fatal tiempo, se hablaba de manos negras todopoderosas, determinados empresarios agrícolas, que habían impedido la ubicación de la fábrica de cementos Asland, finalmente situada en Los Santos de Maimona.

Y, no eran, precisamente, razones ambientales, según yo escuchaba, sino para no subir el salario de los jornaleros del campo...

A sobra de brazos, en Llerena también hacían falta, como en 1870, gentes con mente emprendedora y abierta.

Claro es, que, desde, al menos 1870, se supo que en Llerena había mucha caliza, tal como yo oía referir en los años sesenta, y, en mayores cantidades que en los Santos de Maimona:

“Los [terrenos] silurianos y cambrianos son los que mayores espacios ocupan, pudiendo dirigirse según sus caractéres en tres clases según domina en ellos la cuarcita […]  ó la caliza  como en las inmediaciones de Llerena […]

En cámbio apenas se encuentra en toda Estremadura la caliza, presentándose sin gran importancia junto á MAGACELA y algunos manchones en Burguillos y al S. de Llerena”.

No obstante, en el siglo venidero Gerardo Gallego creará el asperón llerenense utilizando la caliza como elemento básico y bajo la marca patentada de ENERY.

LLERENA: PUERTO O PUERTA DE ANDALUCÍA Y EXTREMADURA O VICEVERSA.

No fueron los Moros los que modificaron significativamente la división de la Hispania Romano-Visigótica; es más, Fernando III el santo determinó que cuando hubiese problemas en las mojoneras se citase a “moros sabidores”; los que hicieron modificaciones, sin duda, fueron los cristianos y, en nuestro caso concreto, la Orden de la Caballería de Santiago de la Espada, quien contribuyó a un nuevo orden territorial que puso coto a la aventura romano-bética e islamo-hispalense del Concejo y Archidiócesis de Sevilla; entre otras acciones una fue el posicionamiento en contra de las pretensiones de Sevilla al no dejar a Azuaga en sus dominios territoriales- el estandarte fue Santa Olalla de Mérida- y el trueque de Reina por Cantillana.

Para tal y tamaña empresa de señalar lindera incontrovertible idearon la creación de la Ciudad de Llerena, aunque, entonces, como Villa, si bien murada y almenada y dotada de nuevo castillo o fortaleza.

Llerena es una puerta, con cerrojo y en segura retaguardia, en la que convergían tres caminos desde la Andalucía: el camino de la Córdoba musulmana, la ruta de la Sevilla por Reina y el sendero de la Sevilla itálica con dos veredas (una hacia Llerena, la otra hacia Emérita/Marida): fascinante, desde el punto de vista lógico y estratégico.

Y hasta caminero: Alfonso XI pàra bajar al moro o la Giralda desde Mérida se dirigía Llerena

Pero entonces tenía otro valor añadido: La Orden de Santiago con su Maestre residiendo en Llerena tenía al alcance el Reino de Granada.

Cómo no le iban a dar los santiaguistas ancha cancha a Llerena si sus maestres eran tan previsores y con el casco tan bien amueblado como mejor aguzada la espada…

Si bien hay historiadores, no sé si ingenuos o extgremadamente bobalicones, que proclaman a letra tan expresa como impresa que los reyes cristianos querían hacer arraigar a las órdenes de caballería en zonas fronterizas… (-¡Zopenco; mirando, al mapa… y a la economía medieval¡).

Pues bien, si en épocas anteriores Llerena sirvió de gozne caminero en 1870 seguiría siéndolo, aunque a lo pequeño, abriendo a su través nuevas rutas que me recuerdan a algún itinerario tartésico:

"Carreteras. Las proyectadas son: De las cercanías de Aracena (Huelva) por Llerena, Castuera, Puebla de Alcocer y Herrera del Duque á Navahermosa (Toledo). Y por último, de Llerena á Villanueva de la Serena”.

LOS PARTIDOS DE LLERENA, DESDE SU ORIGEN HASTA 1870: GEOGRAFÍA, POLÍTICA Y ECONOMÍA.

"Partido" viene a significar parte de un todo; en un principio las partes de nuestro todo fueron de nuestra Provincia de León de la Orden de la Caballería de Santiago de la Espada; y estas partes eran los Castillos Terminados de Montánchez, Mérida, Alange, Hornachos, Jerez de los Caballeros y Reina; luego, cuando los Castillos Terminados pasaron a casi innecesaria necesidad y obligación porque los reinos musulmanes se habían reducido al de Granada,  Llerena le dio al “castillo” de Reina estoque y arrastre con bastante antelación y maestral previsión y planificación. Es lo que se llama el descastillamiento o venida del centro administrativo del monte al llano, fenómeno propio de la Repoblación cristiana.

Y, cuando los castillos o fortalezas ya no fueron pieza de infantería, de caballería ni de artillería o frontera contra la morisma, comenzaron a derrumbarse; en el caso de Llerena hubo dos castillos o fortalezas dentro del recinto amurallado

¿Era el “Castillo Viejo”, de origen musulmán?

Pero este castillo o fortaleza ya no contó con término; fue la propia villa la que lo necesitó, a costa de enfadar, y gravemente, a sus vecinos mejor dotados territorialmente.

Parece ser que los Partidos santiaguistas surgieron con los Reyes Católicos al asumir la Administración de la Orden y sustituir al Gran Maestre; por ello establecieron bajo la jerarquía de un Gobernador, para toda la Provincia de León, los Partidos de Mérida, Llerena, Montánchez, Jerez de los Caballeros, Segura y Hornachos; a su vez cada Partido disponía en sus cabezas con un Alcalde Mayor, a excepción de Mérida y su Partido que tuvo Corregimiento propio por ser Ciudad y antigua; a partir de 1560 se redujeron a dos los Partidos, Llerena y Mérida, los cuales tendrían su propio  y respectivo Gobernador.

Partido de Llerena [ahora denominado "judicial"].
“Este partido judicial comprende en su parte NE. estensos llanos limitados al N. por las sierras de la Peraleda y del Campillo, y su mitad meridional, cuyas vertientes van al Guadalquivir, es quebrada  y montañosa. Tiene por lo tanto muchas tierras cultivadas y hermosos montes de diversidad de árboles y producciones.
[recuerdo que tuve como compañero en el Colegio a un muchacho procedente de Peraleda del Zauzejo, cuya lejanía me extrañó].

Llerena, despejada y alegre ciudad [excelente piropo que luego se traducidirá por "mande dinero a Llerena, que la cosa está buena"], de la cual nos ocupamos especialmente en otro lugar de esta crónica, es una de las poblaciones más antiguas del partido.

Los ayuntamientos que componen este partido judicial son: Aillones, Azuaga (antigua Arsa), Berlanga, Campillo, Casas de Reina, Granja de Torre Hermosa, Llera, Maguilla, Reina (la Regíana de los romanos), Retamar, Valencia de las Torres, Valverde de Llerena y Villagarcía.

Cruzan esta comarca los ríos Matachel, Bembézar y Viar, con otra porción de arroyos poco importantes; el Zújar nace también en él. Aquí, como en el resto de la Provinçia, solo se aprovechan las aguas para dar movimiento á algunos molinos.

Terrenos hay muchos; brazos y buena dirección es lo que falta para elevar la riqueza de tan fértil país á la altura que ofrecen sus buenas condiciones.

[Los malos hechos de la Historia son como eructos]

(SORPRENDENTE  REVELACIÓN…) O UNA BREVE Y CURIOSA HISTORIA DE LLERENA MUSULMANA Y CRISTIANA.


posible cementerio judío según Jose Iñesta.
Si los santiaguistas colocaron aquí el asiento de su Gran Maestre y de su reino o maestrazgo temporal y espiritual, los Moros no fueron menos y asentaron sus reales tronos, haciendas y recreos en Llerena…

Vamos a saber, también, que Llerena ya no sólo es “reducción de ” sino la propia “Regina Tudulorum”


“La misma incertidumbre que tenemos del origen y del nombre de otras poblaciones, tenemos de Llerena, que hoy es una de las más preciosas ciudades de Estremadura.

Tiénese, no obstante, como opinion indudable que fue la antígua Regina Tudulorum (sic) de los romanos, y que en ella estuvieron los reyes moros más de una vez para gozar de su benigno clima y de la belleza de los campos, que son los mas accidentados y feraces del país. Atraidos por estas circunstancias, los moros no la abandonaron desde el momento en el que pisaron el territorio de Extremadura,, mejorando el cultivo y haciendo obras de arte, de que apenas quedan restos.

[De los moros de la morería, al parecer, sólo quedan las mudejararías].

Los cristianos hubieron de retroceder más de una vez al intentar su reconquista; pero el año 1241 fueron arrojados de ella los moros, y desde entonces la defendieron y conservaron los españoles, utilizando los adelantos agrícolas que dejaron los sarracenos. El rey de León celebrado en ella Cortes el año 1340, ennobleciendo á muchos de sus naturales, que se distinguieron en las guerras con los enemigos del cristianismo.

[Eran éstos los nobles "de cuantía" o "nuevos ricos"].

En el año 1641 le concedió el rey Felipe IV el noble título de Ciudad, que conserva como justos y merecidos títulos, siguiendo sus hijos dignos de la más alta distinción por su fino trato y por sus costumbres.

[pero como las mercedes reales sean por necesidad u oro, a Llerena le costó el título como en la Universidad de Wert].

[Y prosigue la Historia de Llerena]

El 11 de agosto de 1810 se dio á sus inmediaciones la memorable batalla de Canta el gallo, que tanto enfureció al ejército francés, cuyas pérdidas pretendió resarcir entrando á saco en la ciudad, donde causaron los franceses grandes estragos, que arruinaron muchas fortunas y dejaron huérfanas algunas familias.

[Menos mal que Napoleón era "de buena parte"; claro es que yo tuve un aguerridísimo compañero del Colegio apellidado Guerrero o un amigo Chaparro, tan gigante como su primo, y, también, amigo, José Díaz Martin; claro es que para que a  los "gallitos" franceses le diesen en la cresta...].

En aquella guerra colosal de entusiasmo y patriotismo, puso esta ciudad en pié de guerra un batallón que se títuló de la Granada de Llerena , en honor de la Virgen de este nombre que tanto veneran sus hijos.

[Este batallón estuvo a las órdenes de Juan José Nieto Aguilar, II Marqués de Monsalud, y , como unidad militar sería el precedente del Regimiento de Cazadores de Llerena

La Virgen de la Granada
no quiere ser francesa,
que quiere ser patrona
de la tropa llerenesa].

La Inquisición tuvo allí sus escenas persiguiendo en primer lugar á la secta de los alumbrados y á los sostenedores de sortilegios y  de hechicerías que alcanzaron las preocupaciones de aquellos tiempos; a pudiendo asegurarse que al lado de la cruz roja de los santiaguistas ardía la hoguera del fanatismo, como símbolos de esterminio.

[Tremendistas; se encuentran con Cristo y Lo recrucifican].

Las armas de esta heróica ciudad son una fuente en forma de taza entre dos árboles verdes.

[Luego entonces genial interpertación y plasmación de la Fuente de la Plaza Mayor; nunca tal fuente fue servida con tamaña metáfora]

[Pero sí anda Henao algo despistadillo al confundir a un Gran Maestre con un Obispo-Prior; sabemos que los Maestres de la Orden de Santiago tenían grandes privilegios eclesiásticos -véase la Regla y el Establecimiento de la Orden- pero esta comparación es odiosa...]

“La ciudad de Llerena tiene también su historia, esclarecida por los caballeros y profesos de la distinguida órden de Santiago. En esta población reside el Obispo prior, con autoridad en todo el territorio de su demarcacion, constando entre sus predecesores á los ilustres D. El Pelayo Pérez Correa y D. Alonso de Cárdenas, quienes alcanzaron grandes mercedes de los reyes. El primero que llevó al priorato la cruz roja fue el intrépido y valeroso maestre de la órden D. Rodrigo Íñiguez, que tuvo la suerte de arrancarla de los moros en el año 1241”.

[Apostillemos: En este caso es un maldicho nombrar el Priorato con la cruz roja; cuando Íñiguez llegó a Llerena, el “lagarto”, era la enseñanza oficial desde los principios del siglo XII al asociarse los antiguos “Caballeros de Cáceres” con el ¿...? Arzobispado de Santiago].

DE CUANDO UNA VEZ MÁS LA ZORRA SIEMPRE TIRA AL MONTE O ANUNCIO DEL CISMA DE LLERENA, AZUAGA, MAGACELA Y MÉRIDA.

[El libro del que están sacadas estas informaciones es el primer intento de hacer una Historia de la Provincia de Badajoz, surgida de la Reforma Provincial moderna de España en 1834 y según la cual la antigua Provincia de Estremadura, que sí tenía Historia centenaria, fue dividida en dos nuevas: Cáceres y Badajoz.
Escudo de la Orden de Santiago y del Sumo Pontífice

Al referirse al Obispado/Piorato de Llerena Henao muestra una carta que en medios eclesiásticos y políticos se barajaba desde el Concordato de 1854: poner en cada capital de las nuevas provincias un obispado o engrandecer al de la nueva capital - nuestro caso-.

El lema era "Una provincia, un obispado y una Universidad"; los únicos que casi cumplieron fueron los obispos, aún a costa de una grosera mentira destinada a Su Santidad Pío IX.

Pero, como la zorra siempre tira al monte, pues (mi compañero Larios era muy dado al "pues" antes de responder), mira cómo encontramos justificada la próxima desaparición del Obispado-Priorato de San Marcos de León, también conocida, como Diócesis de Llerena, fagocitado por el pequeño y paupérrimo Obispado de la ciudad de Badajoz, recientemente convetida en Capital de la Nueva Provincia...]

“Los 272 pueblos de que se compone el territorio de esta antigua y poderosa órden, se hayan distribuidos en varios obispados, complicando la contabilidad y los pagos y las relaciones de la autoridad civil que ha de entenderse con los eclesiásticos. Además del priorato de San Marcos de Leon, cuya silla episcopal está en Llerena, existen el de Alcántara, Toledo, Plasencia y Coria, á distancias considerables de la capital de esta provincia, por lo cual y no siendo fáciles las comunicaciones, se entorpece la acción del centro administrativo, dando lugar á que el servicio se retrase y se entorpezca las mas veces, en perjuicio del público y de los ministros del altar”.

[Claro es que mis antepasados siberianos y toledanos por causa religiosa al pasar a la provincia civil de Badajoz no perdieron sus condición de fieles de la Iglesia de Toledo - ésta era excepción sobresaliente en el nuevo Orden de forma que algunas diócesis estaban dispensadas de ponerse collar en el cuello-.





domingo, 19 de julio de 2015

EL ÍDOLO DE LLERENA, UNA INTRODUCCIÓN A LAs MANERAS DE HACER LA HISTORIA DE LLERENA. ANTONIO MATEOS MARTÍN DE RODRIGO.

A Mánuel Ángel Cortés Espadiña que estuvo en mis inicios históricos de Llerena y a Jose Iñesta Mena que ha sabido remar magistralmente hasta la fuente del alma llerenense.

Hubo un tiempo en el que la Historia de Llerena no iba más allá de Pelayo Pérez Correa, un elulaliense cuna y “fechos” -por mor de santiaguista y,por ende, no gregoriano y en Llerena “fecho” mariano “a posteriori” como en Tentudía (impúdica mentira en boca religiosa, laica o laicista aquí o en Covadonga, como con otro Pelayo, también eulaliense de cuna y de mayoría...)-.

Eso sí, Llerena había tenido vida ignota pero nombre musulmán de entremedios y, hasta a tener bien en cuenta, origen romano como nombre de pila.

Ya referiré un granado rifirrafe con pasquines y anatemas desde el púlpito granadino y las puertas de la calle de las Armas, al menos la de porcima, entonces cerrada, de la Pastelería del padre de Pipi. 

Sucedían los años medios de 1960.

Del pasado estaba, sin embargo, la Fuente Pellejera en donde los medievales vecinos de los pueblos vecinos de Llerena quisieron ahuagar a los llerenenses.

Y es que Llerena fue reparida en cristiano y santiaguista con una ambición y necesidad extremaa de crecimiento. 


Pero Pepe Lepe -mi entrañable amigo Pepe Lepe a quien me recomendó D. Aquilino Rivero para que me informase sobre la Historia de Llerena; queríamos preparar algunos alumnos del Colegio una Guía histórica, descriptiva, etc. de Llerena en mi curso de cuarto bachilleril (el padre de Larios y su máquina de mecanografiar fueron colaboradores magníficso)-; bueno, ni él, Pepe Lepe, ni Antonio Carrasco se atrevieron a ir más allá.

Y a día de hoy, tampoco se ha avanzado mucho a excepción de los poblados calcolíticos de mi amigo José Iñesta Mena, sino me falla la Bibliografía.

Incluso, creo que a María del Pilar Peña Gómez, entrar en la esencia islámica de Llerena, le dio como no buen yuyu y dejó el asunto en "raíz"... (no entiendo en dónde se situaría el injerto). 


Curiosamente Llerena es la población santiaguista que cuenta con dos "castillos"... 

La Historia de Llerena era muy oscura, de los siglos oscuros del tiempo viejo, como si los musulmanes le hubiesen puesto decorado negro azabache a todo lo anterior... o los cristianos no quisieran beber en las fuentes "moras" como la gente dejó de beber en la "Fuente Pelitos" de la Albuera cuando a alguien se le ocurrió lavar en ella ropa de muerto.


Por cierto, fue Carrasco, mi profesor de “Política",  cuando yo estudiaba primero de bachillerato, quien me hizo deducir que además de la Historia Sagrada y de España existía una historia singular y extraordinaria, la de Llerena.


El primer documento que vi de tal Historia era de Alonso de Cárdenas sobre la Fundación de una Capellanía en la Iglesia de Santiago; curiosamente en mi casa había copia de otra fundación de Capellanía, de Sangre para más lustre propio, formada por Inés "la doncella",hermana de un antepasado mío, Rodrigo Martín de Olaya, educada en los principios del "brujo" Cardenal Silíceo.


Si ella viera "Águila Roja"...


Luego, mi amigo Mánuel Ángel Cortés Espadiña, al regalarme la Revista de Ferias del año 1962, en la que venía referido el accidente de mi hermano, me hizo abrir los ojos y las pestañas a la Historia de Llerena.


Luego vendría Doña Casimira de Aro para quien la Historia no venía más acá ni llegaba más allá de la I Guerra Mundial del 14 


¿Evitaba así tener que decir lo contrario de lo que pensaba? ¿O desvelar sucesos no desvelables en aquel momento?

Siempre me dio qué pensar aquella advertencia de que no dijésemos que ella nos había enseñado una canción "que sólo diría", según se expresó, "una vez"; ésta rezaba así: " Si los curas y las monjas supieran/ la paliza que les vamos a dar/ subirían al coro gritando/ libertad, libertad, libertad"...


No me escandalicé; luego supe que la canción estaba basada en el Himno de Riego...


Bueno, también don Zenón nos había enseñado la canción de "El moro Muza" y para los de Ingreso era un poco más escatológica...

No obstante Lepe, que no tenía tantos legajos ¿a dónde habrán ido sus papeles?, hablaba de una villa romana llamada “Larius”... y de un campamento romano.

Esto de los nombres de las “villae” romanas tiene más y mejor asentada miga que el pan antiguo del día siguiente.

[¿Por qué a los niños nos decían que el pan caliente era malo para la barriga? ¿No sería para restringir su excesivo, por goloso, consumo?].

Pudiera ocurrir con las "villae" romanas lo mismo que con los topónimos “celtas” de por estas tierras ¿No serán propios de las tropas auxiliares galas que acompañaban a las legiones romanas V y X y que una vez asentadas lo hacían fuera de las centuraciones? 

De Zafra (verdadera frontera lateral entre Bética y Lusitania y más auténtica Segeda Restituta Iulia- la cual está a tiro de ballesta d´ella-); de Zafra a Llerena los topónimos celtas debieran entonces bajar la frecuencia...

En Almendralejo, de un poco más allá, no he visto ningún topónimo pre-romano pero en su vocabulario popular abundan palabras que sólo se entienden a través del leonés y del más añejo asturiano...

Por ello, sería muy interesante hacer un recuento de topónimos celtas y preceltas en los alrededores de Llerena... Cantalgallo, por ejemplo...

Y, el primero en remontar hacia la madrona original de la Historia de Llerena  fue José Iñiesta Mena, el mismo que un día instituyó o creó la Arqueología Vertical y le sacó el color, rojo, a Llerena y en este caso el color pardo de la piedra a sus poblados calcolíticos; en mi tiempo sólo había una casa de color “en los arrabales”, creo que azul -casa/comercio de los Martínez- ; de otras, imitación cromática de la Torre de la Granada, ya referiré.

Hacía años que Llerena había perdido el color albero del Ayuntamiento o de La Granada.

Ya referiré de otra Arqueología que puede llevarnos por los siglos de los siglos hasta... [el teclado no funciona] y un mosquito me tiene frito(mi pantalla es obediente no sólo al tacto de mis labios y de mis dedos...).

Y, en honor al primer historiador llerenense que bajó a la Madrona de la Historia llerenense como prehistoriador y arqueólogo de altura, incluyo el ídolo de Llerena, fotografía  que ha tenido el detalle de facilitarme.

En la ciudad de Mérida a 11 de julio de 2015.

lunes, 13 de julio de 2015

LA MADRONA DE LLERENA (HISTORIA DOCUMENTADA DESDE EL PARAÍSO HASTA ACÁ). ANTONIO MATEOS MARTÍN DE RODRIGO.


 
La Madrona de Llerena, cuadro al óleo de Miguel Morales Quintana.

A Miguel Morales Quintana, a Mary Tony Cortés Espadiña y a Antonio Marcelo Ruiz  González que me allegaron al conocimiento no esperado de páginas inéditas de la Vida de mi hermano.

Cuando hubo sido mujer sorprendió a los hijos de los hombres por su compostura perfecta, tanto en reposo como en movimiento, tanto al hacer acto de presencia su cuerpo como al poner su alma en admiración.

Su nombre venerable viene del Latín “matrona”, que significaba “mujer esposa y  mujer madre”; pero en realidad sus genes los alumbraron con una Lengua más antigua...

Tuvo tres hijos con Larius, su esposo,  La Madrona: así sus aguas, por voluntad propia e independiente de familiares parientes, no desembocan en el Río de la Gran Madre; ella también quiso ser Gran Madre.

Dicen que había estado inspirada por un tal Argantonio Mateos Martín de Rodrigo y que, al escuchar sus versos,  anheló engendrar el Mar Océano -su GuadiMadre  sólo había engendrado un  lago-.

Y dio a luz  y corriente al río Betis; y, desde entonces, todos los días le lanza un beso transparente y fresco desde sus pechos ubérrimos.

La Madrona es la fuente viva y vivificadora, como el agua es la fuente vivificadora de la Vida; lo dijo el filósofo Tales de Mileto -hay gente pa tó dijo, a su vez, El Guerra, torero de sabias ignorancias- y lo dijo el Cual Pedro que puso su Barca, ¡su barca!, sobre ella aseverando, inspiradamente,  que  “hace tiempo existieron unos cielos y también una tierra surgida del agua y establecida entre las aguas…II 5.”.


Tierra, Agua y Fuego - y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas- ; ayer y hoy: Helios, Jesé, Moisés,  Coxcoxtli,  Gilgamhés, Noé, Proteo, Segunda Epístola de Pedro; mañana silencio (la Tierra se ceñirá el cinturón arcoiris de Isis).

(Cuando suceda
¿quién será el remo,
quién irá de remero;
acaso hay marineros
de tierra adentro
y de oleaje seco?)

Pero La Madrona no es fuente de la reina mora de la Arabia reseca sino de la Augústea Romana Emperadora; y fueron los de Roma los que en ella convirtieron sus Faces en Molinos (y en sus huertas no hubo necesidad de norias: el agua correría a los pies de los berros; eso sí, en el de mi amigo Juan Larrey pusieron edificación de alberca para que yo pusiese a prueba la dureza de mi viriata cabeza…).

Y, en el Principio, “In Principio”, surgió La Olla, lugar en el que Adán y Eva, según mi veraz ocurrencia, cocinaron su primer alimento tras abandonar el Paraíso (éste se encontraba en los alrededores de Llerena, que cerca aún queda, como científico testimonio, un bosque petrificado); luego, los hombres dispersos edificaron, antes de bajar a los rincones,  accidentes y fechorías de la Tierra, una réplica santa de la Torre de Babel sobre las rocas inamovibles de Llerena, diciendo: “Ea, hagamos, pues, un atajo secreto para llegar a Dios y volver a ser según su imagen y semejanza”.

Y, por nombre le pusieron al zigurat  santo, el nombre de Granada, la Gran Nada, el Todo, el Absoluto, ¡Dios!, en su memoria.

(Dios es mujer, aseveró un papa con prisas de saberlo fehacientemente).

Y, una vez al año, aunque se haya perdido el papiro y la leyenda, se Giran los llerenenses al más remoto, alegre e inasible pasado, toda vez que el Cristo ha resucitado, para rememorar el primer descanso de Adán y de Eva tras los esfuerzos de su primer trabajo -que hay quien asegura con meridiana certeza que aquí Abel fue engendrado-.

Y, al son del acordeón de la buena y festiva María Tulo, Cotrina, danza el pueblo llerenense en forma de gente alegre, feliz y maravillosa.

Entretanto yo, en un descuido propio y ajeno, en el Molino de por bajo, siento el frío del agua envolviéndome y empapándome angustiosamente alma, ropa y cuerpo.

Sólo tengo la edad de empenicarme hacia abajo.

Pero aquellos molinos con aspas de agua y seda y terciopelo aún me traen los recuerdos más bellos…

¿Será cierto que la madurez atesora y atempera los infantes y adolescentes recuerdos, como si fueran posludio de un paraíso que, sin embargo, postmerecemos?

En la ciudad de Mérida a 10 de julio de 2014.




miércoles, 8 de julio de 2015

PIEDRAS BARATAS, PIEDRAS BARITAS O PIEDRAS DEL INFIERNO... (Antonio Mateos Martín de Rodrigo)




A mi vecino Eulogio y a su esposa Carmen, en feliz recuerdo. 

La palabra “Egido” es una palabra culta, leonesa y, también, castellana; pero la mía, por preferencia y vivencia, es la casi vulgar de “Lejío”; ambas, sin embargo, son de lustroso origen: el latín “Exitus” -pronunciado ejitus-; y, significaba “Salida” de las poblaciones amuralladas; los musulmanes introdujeron la palabra “Alixar”-también pronúnciese alijar-; directamente era vocablo, como tantos palabros “moros”, derivado fonética y significativamente del latín hablado por los romano-godos hispanos invadidos. 

En numerosas poblaciones, ya en la Edad Media, el exido o ejido o egido, recibió la denominación de “ansarero” -Calamonte y Mérida- o “patinero” -Badajoz-, es decir “monte de los patos”, posiblemente porque en él soltaban los vecinos entre sus animales domésticos a los patos y aves, hoy. denominadas “ aves de corral”.

Claro que, entonces, pato y ánsar eran la misma pieza de puchero: “Ánsar, pato y ansarón, tres cosas suenan y una son”, testimonia el refrán popular de aquella antigua época. 

 A su vez, según el Fuero de Mérida y de su Tierra, más allá del Lejío se encontraban las “dehesas” denominadas “montes de los conejos” -“nemoribus vero cuniculorum”- . 

Y, he aquí una gran novedad medieval en la distribución de los espacios del modelo romano; pero excúseseme: no tengo ni real ni documentada idea de en dónde se situaban las dehesas llerenenses -boyal, de novillos, etc.-. 

Según Covarrubias en el siglo XVII “el exido es el campo que està a la salida del lugar”, el cual, siguiendo la normativa romana, "no se planta ni se labra", porque, y esto es novedad no romana, “es de común para adorno del lugar y desenfado de los vecinos dél y para descargar sus mieses y hacer sus parvas”. 

En parvas palabraa Covarrubias consideraba el lejío como "una plaça" exterior.

N.B. Los romanos aprovechaban las salidas de sus ciudades para establecer las tumbas de sus difuntos a lo largo de las calzadas. 

 Según José Manuel Andrada Martín, aunque su fines primordiales modernos fueron el trillado, limpieza del grano o matanza y estabulado del ganado, en los ejidos también se situaban las ferias y mercados (una de las primeras ferias emeritenses directamente documentadas, la feria denominada de los Carneros del Puente en el siglo XVI, según nos refiere Francisco Morgado Portero, se ubicaba en el lejío). 

En el caso de Llerena sabemos que hubo en el Egido Grande en 1912 una de sus grandes atracciones, la más espectacular, la de un avión pionero del aviador pionero sobrevolando los Egidos Grande y Chico. 

 Pero hecha esta introducción fijémosnos que en la cima del Lejío Grande de Llerena afloran varios roquedos que se denominan “Piedras Baratas”;  a su vez el “Ejido Chico” estaría presidido por “Las Piedras del Obispo”.

Muchos años llevo dándoles vueltas al enigma de su significado. 

 Mi primera asociación, soy de letras, me llevó a pensar si no se derivaría del griego “baratros” a través del latín “barathrum”, “abismo” entre los griegos, posteriormente “infierno” en la casa literarria de Berceo. 

 Pero mi fértil imaginación rabalesiana me dio solución más tarde que tan recientemente. 

 Hubo un momento en el que creí que aquellas piedras podían formar parte de una especie de Sthonengee, y cuyas piedras, eso sí es lógico, habrían sido expoliadas para formar las paredes de los cercados de los campos de cultivo, defendidos por ellas del comportamiento como cabras liberales y neolibelares de las ovejas mesteñas.

Pero no, claro que no; los primeros, ¡los primeros! , llerenenses sólo se atrevieron con piedras más pequeñas y afiladas… ( y de color negro -las conservo no como en oro en paño sino en frigorífico muy refrigerado...-).

 ¿Entonces, nuestras “Piedras Baratas” nada tienen que ver con “el abismo” como tal pero sí con “el infierno” como cual, que es similar si miramos los mínimos comunes denominadores?  

O ¿es una mina de barita que se asoma al sol y a la luna en una colina imposible? 

Nuestro admirado y bien ponderado cronista, Luís Garraín Villa, con quien entre cosas comparto la admiración y la amistad de don Teodoro Agustín López y López -a mí me estima más, sin embargo-, dice que no ha encontrado relación documentada de esta denominación de “Piedras Baratas” en lo antiguo y en lo documental; eso sí, alguien le dijo que su denominación vendría de las merendillas en el campo de los años veinte o treinta del siglo XX. 

Interesante etimología que no testimonio popular… 

Por estas fechas, y lo prueba a pie del primer documento por mí conocido, las Piedras Baratas ya eran “Piedras Baratas”; corría, según Llerena Tintero, el Año del Señor de 1929: “Las Piedras Baratas, ¿Quién no conoce las piedras baratas?, autentico patrimonio de Llerena y de sus gentes, en el ejido unos peñascos de roca hacen en conjunto las llamadas Piedras Baratas, baratas para unos que intentaron hacer su negocio con ellas y para el ayuntamiento, ¿qué eran, para qué servían? Menos mal que aún perduran nuestras Piedras Baratas y tan baratas que son para nosotros... y ahora digo yo, ¿y las Piedras del Obispo?...”

 [Bueno, lo de las Piedras del Obispo lo dejaremos para otro rato, cuando me recupere del esguince que me produje al saltar de una piedra a otra]. 

 ¿Pero, podrían ser “Las Piedras Baratas” “piedras baritas”? 

 La pesadez de la barita llerenense podría dar lugar a sentar plaza aunque en Llerena sólo hay una Plaza en la que sentarse... y, como quiera que no encuentro la palabra “barita” en mis diccionarios de antigüedades… 

 Claro que no; “las piedras baratas” no son “piedras baritas” -al menos a mí no me parecieron al corte y desmenuzamiento-; por entonces, años veinte-treinta del siglo XX las minas de Llerena, sólo eran de plomo argentífero y de cobre... -y lo digo con acciones de la Empresa ante la vista-. 

 Y, como el futuro puede ser regreso al pasado -no siempre necesariamente-, nuestras Piedras Baratas pudieran ser, tan inequívoca como dolorosamente, “las piedras del infierno” según interpretaba Berceo; si bien como, se deduce de la falta de documentación oficial, corroborada por Garraín, el cronista oficial, conservada sólo en la memoria y testimonio popular... 

 Hasta el siglo XVII, quizá pasado sus comedios, Llerena era villa; consecuentemente poseía “Mero y mixto imperio” y, consecuentemente, debía de contar con Picota, Rollo u Horca, muestra de tal jurisdicción y lugar de aplicación de las condenas, incluidas las mortales; no sé en dónde se encontraba ni nunca tuve referencia de su existencia.

Sin embargo, llevado por la toponimia menor de raíz popular, sí conozco otra “picota” más singular y cruel, que hasta, al parecer, daba vergüenza a escribamos y escribidores. 

El recorrido final, sólo documentado por el recuerdo popular, que los condenados por la Inquisición llerenense hacían hasta su ignominioso asesinato legal, casi terminaba a pie de “Las Piedras Baratas”; la calleja “de los Quemados” sitúa el lugar de la cruel y anticristiana sentencia en aquellas “Piedras Baratas”, gigantescas “picotas” sin mediación de cantero alguno y que toman su nombre del lugar del suplicio más clásico.

Lo indica el primer Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua: “Barathro: s, m. En el riguroso significado es lugar sin fondo, tomado del que avía en Athénas de inmensa profundidad, donde arrojaban los delinqüentes. Figuradamente por su imitacion se llama assi al Infierno”. 

Aquí, a los "delinqüentes" no se les arrojaba a las profundidades, se les prendía fuego hasta las entrañas del alma -el fuego fue utilizado por los romanos idolátricos para hacer apostatar a los primeros mártires ya que los cristianos entendían  que no había Resurrección desde las cenizas ni desde el interior de las fieras (Nótese la crueldad finalista de esta práctica en unos y otros)-. 

Pero, una vez consumada la sentencia inquisitorial y consumidos sus cuerpos heréticos por el infierno local, la hoguera, según un periodista de la revista Interviú, se producía un milagroso milagro: una vez aventadas las cenizas éstas volvían a lugar sagrado, la Torre de la Granada, y, recompuestas en forma de momias...

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