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Recuerdos y reencuentros.

miércoles, 3 de agosto de 2016

LA LLERENA DEL SIGLO XIII Y LA ADVOCACIÓN DE SU PATRONA COMO “NTRA. SRA. DE LA GRANADA”.(Primera Parte). Antonio Mateos Martín de Rodrigo.


A mis Marías y a las Granadas de LLerena.

In Memoriam, a quienes murieron el 5 de agosto de 1936 bajo el manto ardiendo de Ntra. de la Granada, ochenta años  después de que a su templo Su Santidad el Papa Francisco le haya concedido un Año Jubilar propio durante el Año Jubilar de la Misericordia. 



INTRODUCCIÓN GENERAL.
En ocasiones la piedad popular insta a los teólogos a explicar algo que no tuvo interés para los evangelistas; así, el clamor popular en Oriente por conocer los aspectos desconocidos de la vida de Jesucristo, de San José o de la Virgen María, inspiró una nueva literatura evangélica agrupada bajo la denominación de Evangelios Apócrifos.

Pero también el ánimo de la piedad popular lleva a los teólogos a definir grandes asuntos teológicos como fue la Personalidad de la Virgen María.

En otras ocasiones el pueblo cristiano asume símbolos y significados teológicos de considerable altura de forma ingenua pero muy abierta.

Es el caso de la advocación de Ntra. Sra. de la Granada de LLerena y sólo de LLerena. 


PRIMERA PARTE. 
INTRODUCCIÓN: EL CULTO A LA VIRGEN MARÍA, DESDE SUS INICIOS EN EL CONCILIO DE ÉFESO (AÑO 431), SUS VICISITUDES Y ÉPOCAS DE INTRODUCCIÓN Y DE REINTRODUCCIÓN. SOBRE LA IMAGEN MEDIEVAL DE NTRA. SRA. DE LA GRANADA Y SU CONCEPCIÓN COMO “TEÓKOTOS”. 

Se equivocan quienes creen que el culto que actualmente se le dedica a la Virgen María en la Iglesia Católica siempre fue así.


Durante los siglos iniciales los únicos mediadores entre Dios y los hombres fueron los Mártires, los cuales, a través del Libro del Apocalipsis, fueron equiparados a los Apóstoles como Testigos o Testimonios redivivos de la Muerte y Pasión de Cristo, por elección divina.

Entre estos mártires, no necesariamente, entraban primero los directamente convocados al Martirio, es decir, los Apóstoles; el primer mártir, el primero que dio Testimonio cruento, no fue un Apóstol sino un diácono, San Esteban.


Los mártires fueron, por tanto, los primeros cristianos a quienes se les atribuyó  la  “Santidad”, entendida ésta, según nos explica Mario Righetti, como una persona eximia en la que Dios se había manifestado y, por su testimonio cruento, era co-partícipe de la Pasión de Cristo y cojuzgador durante el Juicio Final: “Eran los cristianos perfectos, los verdaderos imitadores de Cristo, porque eran partícipes efectivos de su pasión, quienes, lavando en la sangre toda mancha, habían merecido ser admitidos en seguida a la visión de Dios, y en el último día serán, como los apóstoles, jueces, al lado de Cristo, de sus hermanos” escribe Mario Righetti.
El primer texto de la primera lengua romance, la francesa,  finales del siglo IX, finaliza rogándole a San Eulalia de Mérida que interceda ante Jesucristo por la salvación eterna de sus devotos.



Luego, tras el fin de las persecuciones, vino el culto a los mártires no sangrantes, los comúnmente denominados “santos”; éstos según el Ordenamiento Canónico vigente, sitúa a los Mártires en un escalón inferior.

Sin comentarios…

Con las novedades litúrgicas tras el fin de las persecuciones romanas también llegó el Culto a la Virgen María, el cual también irá solapando en España  el Culto a los Mártires, pero sólo a partir del siglo X.

Al parecer, una parte considerable de la introducción del culto mariano habría que achacárselo  a la extrema piedad de la emperatriz Elena, madre de Constantino.

Eso sí, sin lugar a dudas, Elena puso en valor algo detestado por los primeros cristianos: la ciudad de Jerusalén destruida por Tito.

El culto a la Virgen María no es, pues, un culto determinado por ningún libro canónico del Nuevo Testamento ni por la Iglesia primitiva, sino por decisiones eclesiásticas basadas, naturalmente, en los libros canónicos, a partir de la última Persecución del 303 o 304, pero no en la Iglesia de Occidente.

El fundamento teológico del culto mariano realmente fue establecido por el Concilio de Éfeso del año 431.


El Concilio de Nicea fue iniciado a consecuencia de la proclamación del Dogma Cristológico, según el cual, Jesucristo participaba de dos Naturalezas, la humana y la divina.

Por ello, la Virgen María pasó a ser entendida como “Theotókos”, literalmente “la que parió a Dios” entre los orientales;  o “Deípara”, es decir “la que parió a Jesús, Hombre y Dios”, entre los latinos o romanos.



La figura original de Nuestra Señora de la Granada, la anterior, quemada el 5 de agosto de 1936 por la tropas sublevadas del Ejército de África para desalojar a los republicanos parapetados en su iglesia, sería, por la probable fecha medieval de su tallado, una Vírgen María del tipo “Theotóko” o “Deípara”, adaptada, en un momento desconocido, al manto que la cubría por entero: al desconocerse cómo era la imagen original no podemos saber si era una “theotokos” de libro ya que la imagen del Niño Jesús no está sentada en su regazo; sino de pie y sobre su corazón, mientras la mano derecha parece señalarlo; es decir esta imagen no original participaría de una segunda forma de presentar a la Virgen María como “Odighitria” que significa: la que muestra el camino o a Cristo como el Camino de la Salvación.




De cualquier manera, además de la imágenes presentadas arriba,  dos imágenes de Ntra. Sra. de Guadalupe, una de bulto y la otra revestida actualmente, pueden darnos ideas de cómo sería la imagen de Nuestra Sra. de la Granada original y cómo el uso del manto obligaría a modificar la posición del Niño Jesús.
Imagen, al parecer, original de la Virgen de Guadalupe.









Imagen actual modificada de la Virgen de Guadalupe con la disposición de todos sus elementos similares a los de la imagen actual de Ntra. Sra. de la Granada. 
Imagen actual de Ntra. Sra de la Granada.como “Odighitria”  o señalando al Niño como "Camino de Salvación".
No obstante, la Solemnidad de Santa María, Madre de Dios (o Theotokos) no se inició inmediatamente con el Concilio de Éfeso sino alrededor del año 500, siglo VI, y en la Iglesia de Oriente, su creadora y propagadora.


En lo que respecta a la España visigótica, el Décimo Concilio de Toledo del año 656 establece en su Canon I que la Encarnación del Verbo -y la Anunciación, de forma, entonces, conjunta- se celebrase ocho días antes de la Navidad; parece ser que era una reacción a la fecha anterior de celebración: el 25 de marzo que bien caía en Cuaresma o bien caía en Pascua. 


De hecho, según Carmen García Rodríguez, la fiesta de la Asunción, con origen en el Santuario “Kathisma” de Jerusalén en el siglo VI,  no es anterior al año 711 en España.


En Roma esta celebración, conmemorada el 15 de agosto, fue introducida en Roma en el el siglo VII.


No obstante, considera Carmen García Rodríguez que el culto a la Virgen María en la época visigoda superaba al de los santos más célebres.

 También el de la Virgen María es un culto que ha ido siendo enriquecido por la Iglesia a los largo de los siglos; dos de sus hitos más significativos tuvieron como fechas el año 1854 por el que el Papa Pío IX, declaró la Inmaculada Concepción de María al proclamar la Declaración de la Inmaculada Encarnación de Jesucristo, y el año 1959 cuando el Papa Pío XII proclamó el Dogma de la Asunción de la Virgen el 1 de noviembre, por medio de la Constitución Apostólica "Munificentíssimus Deus".


Pero, no será sino a partir del siglo X, cuando la Orden de Cluny, impondrá en gran parte de la Iglesia del Occidente Europeo, la Reforma Gregoriana, una pretensión de unificar las distintas Liturgias nacionales bajo una nueva, también denominada “ romana” e inspirada directamente por Roma.

Es decir, dos órdenes monásticas francesas, introducirán la Liturgia Romana o Gregoriana tanto en Francia como en España. En nuestro caso en la España de la Recoquista cuyo avance será paralelo por las ciudades y campos de los Reinos Cristianos.


Esta Reforma no es bien acogida en España por el propio clero y el pueblo cristiano, en donde su propia Liturgia, la Hispano-Visigótica, estaba plenamente asentada.

No obstante, las monarquías hispanas, francófonas, imponen su criterio y sólo los mozárabes de Toledo y los miembros religiosos y militares de la Orden de Santiago de la Espada continuarán practicando el Rito Hispano-Visigótico que, a partir de estos momentos, se denominará “liturgia mozárabe”.

A los santiaguistas de la Orden de Santiago de la Espada el rito les llegó por su asociación religiosa con los monjes del Convento de Loyo, que eran obedientes a la Regla de San Agustín.
N.B.  Ya veremos, cómo, a través de la LLerena medieval, bien podría fecharse el abandono del Rito Hispano-visigótivo por parte de la Orden de Santiago. 

Evidentemente, las otras Órdenes Militares españolas o que lucharon en España, como la del Temple, si asumieron la Regla Benedictina.

De aquí que, al parecer, la Orden del Temple fuese la pionera en introducir el culto a la Virgen María en sus donaciones de Extremadura.

Y, es que, con la Reforma Gregoriana en manos de los franceses, éstos  introdujeron nuevos cultos patronales y, entre ellos, la generalización del culto a la Virgen María cuya presencia en las iglesias se impondrá con el consecuente avance de la Reconquista sobre Al-Andalus y la nueva arquitectura gótica.

Especialmente, el culto a la Virgen María se concreta a lo grande ya que comenzará a ser la titular de las nuevas Catedrales españolas.



Hasta entonces, las únicas catedrales españolas erigidas con 

posterioridad a los comienzos de la Reconquista y antes de la 

Reforma Gregoriana, se erigieron a Jesucristo como titular bajo la d

enominación de “San Salvador” o “de la Cruz”.


Así ocurrió con la Catedral de Oviedo erigida en el siglo IX o la 

Catedral de Zamora cuya primera erección se hizo a finales del 

mismo siglo; a su vez, la de Barcelona se conoce como de “La 

Santa Cruz” desde el siglo VI a cuya titularidad en el año 877 se le 

añadió el de “Santa Eulalia” como en elsiglo XVII se le añadiría a 

Santa Eulalia de Mérida como cotitular de la de Oviedo.



Las nuevas catedrales de León, Burgos, Catedral de Vieja de 

Salamanca, o Toledo, entre el resto de las hispanas, tienen por 

titular a la Virgen María. 




No obstante, la introducción en la Iglesia de Occidente, del culto a la Virgen María, creado por la Iglesia Oriental, no lo hace la Reforma Gregoriana ni llegó desde Roma.

Muchos siglos antes, en el siglo VI, lo hizo posible a través de Hispania y, en concreto, a través de la ciudad de Mérida, según puede interpretarse de la obra titulada “Vida de los obispos santos de Mérida” la invasión bizantina del sur de España.

En este libro se asegura que su catedral, hasta el episcopado de San Paulo se denominaba de “Santa Jerusalén”, como la mayoría de las catedrales de Hispania. 


Pero, a partir del pontificado de éste, la denominación de esta catedral pasará  a ser la de “Santa María de Jerusalén”.

Y, aquí está la segunda de las dos llaves para la comprensión, sin escándalo ni forzamiento teológico, de la cuestión que trato sobre el origen de la advocación de “Ntra. Sra. de la Granada”- la asociación biunívoca entre la Virgen María y la Iglesia y la sustitución de esta por aquella-;  por esta asociación, la nuestra no tiene ningún rasgo en común con sus homónimas de otras poblaciones; el suyo es propio y, extraordinariamente, distintivo, basado en piadoso “dogma”.

El historiador emeritense Bernabé Moreno de Vargas justificaba en el siglo XVII esta insólita transformación en un inocente argumento:  que cuando se erigió la catedral emeritense como el resto de las españolas de la época “estaba viva en Jerusalen la Virgen Santa María”.

Claro que Bernabé obviaba el momento histórico e importancia de la nación de origen de San Paulo: griego, según él, “de la provincia de Grecia, del Imperio Bizantino” o Imperio Romano de Occidente.

El momento histórico era el de la invasión bizantina del sur de España, años 533- 625.




Además, los orígenes de la España cristiana no van, de momento, más allá de finales del siglo III y ni más allá ni más acá de Mérida/Astorga; el primer documento de la Iglesia en España hace alusión a estas dos ciudades.

Todo lo demás es falso y no con piadosas intenciones; de hecho, la aparición de la Virgen María en Zaragoza a Santiago Apóstol es una leyenda inventada en el siglo XIII.

El emeritense San Paulo (años de pontificado de 530-560) que, era un obispo de origen oriental o griego, es decir, del Imperio Romano de Oriente y, miembro nativo de la Iglesia de Oriente, debió de introducir, junto, probablemente, a su sobrino, el también Obispo San Fidel, los cultos orientales en Hispania, a través de Mérida; entre ellos, fundamentalmente, el de la Virgen María.



Y, apuntaba San Paulo durante su pontificado, en términos teológicos muy finos y exquisitos, la erección en Mérida de una iglesia a “Santa María princesa de todas las vírgenes”, poniendo su inspiración directamente en el Segundo Concilio de Constantinopla, año del 553, que le otorgó a María “Theotóko” o “Deípara” el título de "virgen perpetua" (aeiparthenos), el cual nos da una fecha “ante quem” para acercarnos al enigma de la datación de su erección, fechada por Navascués en el siglo VI y por Vives en el 627.

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