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Recuerdos y reencuentros.

viernes, 12 de agosto de 2016

LA ORDEN DE SANTIAGO Y LA FIJACIÓN DE LOS LÍMITES MERIDIONALES DE EXTREMADURA. EL CASO DE REINA. Antonio Mateos Martín de Rodrigo.


A Aurorina.

Estos, Fabio, ¡ay dolor!, que ves ahora
campos de soledad, mustio collado,
fueron un tiempo Itálica famosa.
Rodrigo Caro.


No es aún Extremadura, desde que dejó de ser nombrada como “Estremadura”, un concepto o una realidad geográfica ni económicamente bien definida, ni en su formación ni en su desarrollo; tampoco lo es en su génesis prosaica y, por ende, más real: el avance del Norte cristiano contra el Sur musulmán buscando aquellos pastos de invierno situados al norte de Andalucía para alimento de sus ovejas merinas.

Con su ocupación los cristianos pretendían completar el circuito de la Trashumancia, cuya actividad era la principal entre las económicas de los Reinos cristianos medievales e imprescindible para su supervivencia.

Eso sí, cabe fácil y directamente, deducir que la actual Extremadura, conformada como Comunidad Autónoma el 25 de febrero de 1983 por las Cortes Generales a través del Estatuto de Autonomía de Extremadura -de acuerdo con la Ley Orgánica 1/1983-, es un territorio delimitado definitivamente en el primer tercio del siglo XIX y, sin relación alguna con sus criterios fundacionales-.

Antes de esta concreción territorial tuvo la misma inicial pero por otra razón: la División Provincial de Javier de Burgos en el año 1833; ésta venía a sustiuir a la que fue la primera organización unitaria civil: la Provincia de “Estremadura”, aunque con diferentes límites por determinados  avatares históricos: la Guerra de las Naranjas, entre otros.

A través de la reforma liberal de 1833, la antigua Provincia de “Estremadura” fue dividida en sus dos provincias constituyentes actuales: Cáceres y Badajoz, por asentarse sobre estas ciudades las nuevas capitales.

Esta Reforma de de Burgos, realizada bajo las directrices del liberalismo decimonónico,  no sólo puso límites geográficos definitivos sino que alteró algo los anteriores en casi todos sus flancos y benefició bastante a la nueva provincia de Huelva con términos de origen santiaguista (quizás en beneficio compensatorio de la nueva provincia de Sevilla).

Sólo haré referencia a dos poblaciones cercanas que invirtieron el camino: “Frexenal” de la Sierra y Guadalcanal.

Guadalcanal hasta 1834 perteneció a la Provincia de León de la Orden Santiago de la Espada en “Estremadura”; había formado parte de la donación de Reina del año 1246 y, por tanto, del Castillo Terminado reginense; al contrario, “Frexenal”, ¡aunque religiosamente dependía del Obispado de Badajoz!, administrativamente, dependió del Concejo de la ciudad de Sevilla hasta la fecha citada de 1834.

No obstante, y, esta apreciación es de un valor historiográfico considerable, como aseguraba el frexnense Vasco Díaz Tanco en el siglo XVI, Frexenal  de la Sierra se encontraba situada en un espacio denominado “Estremadura”,  espacio que oficialmente aún no existía.

La primera vez que a la palabra “Estremadura” se le asocia el término como un conjunto de poblaciones o terrritorio se hace en el siglo XV en la “Refundación del Alconero”, atribuido a Fernán Pérez de Guzmán.

Los precedentes oficiales más inmediatos de la Provincia que será denominada “Estremadura” son dos Provincias Fiscales, creadas a principios del siglo XVI, sobre el territorio de lo que hoy es la parte gruesa de la Comunidad Autonómica de  Extremadura: las Provincia de Trujillo y de León de la Orden de Santiago.

Los territorios  aquí referidos, y que formaban parte de las más diversas jurisdicciones administrativas -de realengo, señoríos civiles y eclesiásticos o concejiles-, sin embargo, tenían algo en común: formaban parte del espacio ganadero de los antiguos Reinos de León  y de Castilla dedicado a Invernadero del Honrado Concejo de la Mesta.

Puede considerarse a Nebrija como el primero, y posiblemente el único, en expresar directamente el concepto de “ Estremadura” como “pastizal  de invierno” de ovejas trashumantes, por supuesto; en su  “Vocabulario Español Latino”, de ¿1495?, escribía:  “ Estremadura. Ouium hiberna ”.

El vocablo “estremadura” es, por tanto, para él, para mí y para la inteligencia  subyacente de algunos autores “invernadero de ovejas”.

Nebrija, durante veinte años “estremeño” en La Serena -la flor y la nata de de los “estremos”-, no da más explicaciones aunque en su Diccionario Latino-Español de 1492, define “Estremo” como “último”: “Estremus . a . um . por cosa postrera”.
N. B. Este concepto  de “estremadura” como espacio concreto ya se encontraba establecido de forma implícita en el reinado de Alfonso XI  el Justiciero; basta leer su “Libro de la Montería” y comprobar que su itinerario cinegético marca los puntos esenciales de lo que hoy es Extremadura como región.

Los “estremos” medievales eran los lugares que, en la División Romana de los espacios poblaciones -cortijos, lugares, villas o ciudades-, estaban dedicados al pasto de los ganados.


Cuando vino el reinado de Alfonso X el Sabio creó un nuevo espacio ganadero: las “defessas” o dehesas, pero, las señaló en el interior de los Egidos o Lejíos; y no para el uso del ganado lanar que sólo comenzó a pastar en los Egidos al vender ciertos Concejos sus yerbas a “ganadero trashumante”, a partir de los Reyes Católicos; transformando tierras concegiles , baldías, del común o “realengas” en “de propios”.

Ahora bien, la Ciudad de Sevilla y su Arzobispado, desde los primeros momentos de la Reconquista cristina de estos lugares hasta el siglo XVI, tuvieron varias intenciones  de integrar bajo su férula administrativa los territorios sureños de Extremadura: Azuaga, Reina, o Montemolín; posteriormente Almendralejo.

Nada más lógico; todo el Sur de Extremadura había pertenecido al Reino moro o almohade de Sevilla.

Y, éstos , a su vez, se remontaban a la visión pliniana o tartésica que aún tiene un éxito absoluto entre los historiadores andaluces; consideran ellos, en su generalidad, que el Guadiana fue el límite romano entre la Bética y la Lusitania.

En el siglo XIII, tiempo de la Reconquista de la Baja Extremadura, ya no se aplicaba cabalmente el concepto de “Reconquista” sino que las nuevas unidades administrativas civiles y religiosas se erigían sobre las demarcaciones musulmanes como bien expresan las donaciones reales y confirmaba  Fernando III el Santo: tal como recoge de Redonet el extremeño Eduardo Hernández-Pacheco, Fernando III recomendaba que la última palabra, a la hora de delimitar los términos, la tuviese el “musulmán” conocedor de ellos: “ que al deslindar un alfoz valiese lo que afirmaban moros sabidores”.

Esta división hispano-musulmana de alfoces se aplicó también a las nuevas demarcaciones cuasi estatales: los reyes cristianos castellano-leoneses comenzaron en sus diplomas a denominarse como continuadores de los Reinos Taifas: Rey de Badajoz, Rey de Granada, Rey de Toledo, Rey de Valencia, Rey de Sevilla, Rey de Córdoba, Rey de Murcia, Rey de Jaén, Rey de Algeciras, Rey de Gibraltar, Rey de los Algarves. 
Pero, los intentos del Concejo sevillano fueron vanos para recuperar los territorios perdidos, pese a contar primero con la complicidad de Fernando III el Santo, y, posteriormente, con el beneplácito estéril de Alfonso X El Sabio.
Las tierras de la Baja Extremadura se consolidaron como espacios propios y exclusivos de la Provincia de León de la Orden de Santiago de la Espada tanto civil como eclesiásticamente.

Algo más afortunado fue el Arzobispado Sevillano quien en 1274 acordó con la Orden de Santiago crear  en el Sur de Extremadura el Arcedianato de Reina, dice Alfredo Jiménez Núñez -Manuel Fernández López lo da por creación del Arzobispado de Santiago de Compostela - ; éste abarcaba los Castillos Terminados de Reina y de Montemolín.

N. B. La Provincia de Léon de la Orden de Santiago de la Espada sólo tuvo como obispos titulares  a los Pontífices Romanos por Bula del Papa Alejandro III en 1175 que declaró sus territorios como “Patrimonium Petri”.

Concretamente, en su parte meridional oriental los límites administrativos de la actual Comunidad Autónoma de Extremadura  fueron impuestos y definidos  por la Orden a través de sus Castillos Terminados de Reina y Montemolín, frente a las querencias  plinianas-tartésicas de los reyes castellano-leoneses y concejos y arzobispos sevillanos.

Y, todo, porque la Orden de Santiago, que era la institución más rica en ganados trashumantes, quería tener en su propiedad estos espacios.

Nada que ver  esta reflexión con la paupérrima visión de la generalidad de los historiadores extremeños; V.G. : Martín Martín y García Olíva propugnan, para explicar la presencia de las Órdenes Militares en Extremadura, una teoría proporcionada a la teoría de “Extremadura como Frontera”, entendida esta según la historiografía antigua: “La principal razón de la importancia del territorio recibido directamente por las órdenes militares de los monarcas reside en la voluntad de éstos de hacerlas arraigar en zonas fronterizas, que de otro modo estarían carentes de defensa” . 

Nada más falso; la Orden de Santiago planificó la adquisición de sus territorios tanto en Castilla como en el reino de León sobre los invernaderos musulmanes y sus accesos:  “La Orden de Santiago también tuvo ovejas trashumantes -nos informa Lomax-, pero estuvo en una situación excepcionalmente favorecida, pues sus previsores Maestres, sobre todo don Rodrigo Yáñez, constituyeron los señoríos jacobeos a lo largo de las cañadas principales -el camino de la Plata y los caminos de Uclés y Cuenca a Montiel y Segura-. Así, los rebaños de la Orden se trasladaron desde sus señoríos septentrionales a los que tenían en el sur pasando la mayor parte del camino por tierras santiaguistas, de modo que apenas pacieron en tierra ajena, y pagaron poco o nada de portazgo”.

N.B. Idéntica interpretación le cabe a la Provincia de León de Estremadura.
 Según el mismo Derek William Lomax, desde el principio, el ganado lanar era el más importante de sus rebaños: “Desde un punto de vista económico, los animales más valiosos de la Orden eran las ovejas”.

Un simple repaso cartográfico a la Extremadura medieval sitúa a las Órdenes Militares asentadas sobre los ricos territorios de pasto y/ o sus accesos y no sobre la cercana frontera del reino de Portugal ni la lejana del reino de Granada.

La Orden de Santiago establece su Señorío territorial, constituyendo el único caso de territorio continuo en el Reino de León, a lo largo de la “Vía de la Plata” a través de las concesiones  o donadíos reales de Montánchez, Mérida, Alange, Hornachos, Reina y Montemolín, es decir, sus territorios flanqueaban la Vía de la Plata en toda la actual provincia de Badajoz y parte sur de la de Cáceres.

Si las otras órdenes no pudieron planificar con tanta eficacia la localización de sus zonas de pasto sí es cierto que recibieron importantes zonas pastoriles en la zona “estremeña” : “Efectivamente -dice Pastor- las órdenes, sobre todo las de Santiago y Calatrava , en primer lugar y las de Alcántara y el Temple en segundo, recibieron de manos de los reyes importantes extensiones del sur de Castilla la Nueva, en la cuenca del Guadiana y en Andalucía.  En estos territorios quedaban comprendidas ímportantísimas zonas de pastoreo” . O bien “También la orden (del Templo) se expansionó al suroeste de la actual provincia de Badajoz -escribe del Pino García - ... La riqueza ganadera de estos lugares, puesta de manifiesto por diversos autores, debió de reportar a la orden de el Templo substanciosos beneficios, que luego pasaron a la de Alcántara” .



Para ello, la Orden de Santiago de la Espada hubo de superar, insisto, las reticencias o escollos de Fernando III El Santo, antes de entregarles el Castillo Terminado de Reina : “Que la donación se hacía en tal guisa, que si hiciera treguas con Sevilla, antes de ganar a Reyna, el señor Don Fernando el Santo, o antes, que la orden lo ganase, que entrasse en la tregua el dicho castillo”. 
Pero, la Orden no esperó a la tregua con Sevilla, año de 1248,  y la Alcazaba de Reina fue vencida, en 1246.

Y, en consecuencia, vino Reina a propiedad de la Orden de Santiago de la Espada para limitar la naciente Estremadura, la “Ouium hiberna ”,  en su lindera sur.

En la ciudad de Mérida, a 30 de junio de 2016.

Publicado en "Reina. Fiestas en honor de Ntra. Sra. de las Nieves", nº 18, Agosto de 2016.



viernes, 1 de julio de 2016

LA REVOLUCIÓN FERROVIARIA EN LLERENA, LOS CARRILES SIN BARRERAS DE PASO AL FUTURO. Antonio Mateos Martín de Rodrigo.

 Homenaje a los ferroviarios llerenenses; especialmente a Sinforoso Carvajal Chávez y a Clemente Mateos Molina, calamonteños en Llerena.


En algunas ocasiones las vías del tren se unían antes del horizonte y en tal lugar el humo del vapor se condensaba en numerosas e industriosas gentes; tener un tren a las puertas de tu pueblo o de tu ciudad en el siglo XIX era una visita conjunta e inesperada de los más generosos Reyes Magos y de los Magos más Prestidigitadores.


De la chistera o de la giba o chimenea de la Máquina podía salir casi de todo; de los vagones de mercancías y pasajeros, aún muchísimo más.


Las poblaciones antiguas, amodorradas por el largo y ancho peso de los siglos pasados, se desesperezaban al sonido del bendito silbato de las máquinas tractoras como si la carga de carbón del ténder les encendiese el espíritu emprendedor y moderno.

Los pueblos y las ciudades, con sus apocadas industrias, crecían en las tres dimensiones; más hacia y, luego, desde la Estación del Ferrocarril, una nueva dimensión creadora en el Tiempo y en el Espacio.


Ferroviarios en el paso de Córdoba, Sinforoso Carvajal, primero a la dcha.
Y venían gentes virtuales para concretarse en la realidad, acaso del futuro o de donde nunca jamás; aderezadas venían de sagrada y productiva carbonilla, de casi todas las partes inimaginables sin ser de La Rioja o del Norte leonés como trashumantes de ovejas merinas con Ntra. Sra. Valvanera a cuesta ; o del pueblo de al lado para casar, sin embargo, primos hermanos o segundos tal como sucedía desde treinta generaciones antes.

Y, sin embargo, habíalas, gentes muy bien pronunciadas; otras traían berengenas manchegas en vinagre; y, hasta subían de la misma Sevilla cuesta arriba con su gracejo y alegría -mi tía Pepa, Josefa Cano Arenas, entre ellas-.

Porque el ferrocarril de Mérida a Tocina, ya propiedad del M.Z.A., hacía transbordos de sus gentes desde la ceca a la meca y entremedias, que se extendía por media España, de Madrid  a Zaragoza y Alicante hasta Gibraltar y por sus dos costados en las que había absorbido líneas como la nuestra de los "Ferrocarriles Extremeños". 


Todas estas mejores gentes se hacían gentes reales tomando una ciudad medieval con oficios, también aquí, increíbles, inimaginables: jefe de estación o jefe de tren, conductor, sobrestante, maquinista y fogonero, factor de circulación y factor sencillo, guardagujas, ordenanza, mozo de tren más guardafreno (para bajar a Sevilla y ahorrar en salarios), lampista y del recorrido, etc.

El ferrocarril era como entrar en el futuro de un vistazo apresurado, que hasta hablaban desde muy lejos, antes de hablar con la voz, por un cable en donde escribían las palabras y las frases con puntos y rayas (“Morse” creo que se llamaba ese lenguaje de unos hilos, pomposamente llamado Telégrafo).

N.B. ¿Cuándo se notificarán los palabros que el ferrocarril introdujo en nuestras vidas?: Garita, catenaria, paso a nivel, y ecéteras miles.

Al arrimo de los raíles crecían nuevos oficios sin necesidad de Universidad ni de Formación Profesional; crecían casas, crecían industrias, crecían comercios; y los bancos engrosaban sus abultadas cuentas de resultados.

Era el rostro amable del pernicioso Liberalismo; su niña bonita, la industria ¡hasta romántica!

Llerena crecía, crecía y crecía… 

Los peces aún llegaban en mis tiempos, de la tarde onubense a la temprana mañana en cajas que apestaban según mi sensibilidad olfativa; llegaban las cajas con pescado refrigerado en escamas o trozos de hielo ajuntados a verdes helechos -siempre venían y llegaban con prisas y prisas muy madrugadoras; la Plaza de Abastos los esperaba-.

Como Llerena era Estación de las principales en las que se les daba vuelta a las máquinas, tuvo Ingeniero Jefe, inglés, y con religión nueva, anglicana - él inauguró, al morir, el espacio civil del Cementerio de San Marcos-; se llamaba William Finch y educó en Llerena a su hija, Ana, una novelista de éxito; y reconocida en Mérida como su primera feminista.




También había Sobrestante; que en mis tiempos tenía chalet ajardinado y en el jardín un tilo…

Luego, las vías tendrían servicio de “Puerta a Puerta” para revitalizar la jesuítica y mercedaria Plazuela de los Ajos.

Frente al chalet del Sobrestante, en “vía muerta”, estacionaba el verde vagón del Economato procedente de Huelva a cargo de un ferroviario que se me antojaba muy mayor, de pelo cano y extraña bata gris de comerciante como la de El Caja -lo mejor que traía, pero sólo a medias por causa de la obligada yema de huevo, era el Vino Quina Santa Catalina...-; o se situaba el ultramoderno vagón médico en el que un ídem especialista, auxiliado por su correspondiente -joven y bella enfermera´-, te pasaba el martillo por las rodillas -en estos casos siempre me sentí obligado a lanzar la pierna suavemente hacia adelante-; éste, con el fonendo, medía tu resistencia al frío en pecho y espaldas. 



Lo mejor, es que no te extraía la mareante sangre con espada legal de matar a niños muy sensibles…

Es decir, con aquellas vías siempre venía el Progreso, situado su parque en Llerena a la izquierda, tal como subías desde la Estación - ¿el Parque era su metáfora?-.

En realidad, los ferroviarios eran gentes reales que comenzaban a dar forma a una nueva realidad -casi irreal, casi ficticia, casi mentira o engaño, casi imposible, pura Utopía- al disiparse aquella nube negra de negra carbonilla -la de la calefacción era blanca, limpia y ascendente-.

Y los ferroviarios se integraban en las casas antes vacías, en ocasiones repartiéndose los altos y los bajos, y se integraban en las calles, y desparramados como granos de trigo fecundos, por toda la población; eran vecinos bienvenidos y bienhallados.


Ganaréis el pan, se les dijo a los ferroviarios, con el sudor no ya de tu guadaña ni de tu cayado…

Aquellas gentes saltaban y hacían saltar del Neolítico al Ferrocarril, de la piedra alisada al hierro más fecundo; desde entonces, el futuro sólo duró un día; al día siguiente se hacía Presente; lo trajeron el silbido del tren y el humo de las máquinas.


Sinforoso Carvaajal, primero a la izquierda delante del Guardia Civil.
El jefe ya no era amo desabrido y el trabajador ya no miraba su mano, no siempre generosa, sino las órdenes del silbato y del banderín -eran rojos, verdes y amarillos, los primeros semáforos-; 

Y para evitar los desmadres todos conocían y aplicaban el Reglamento.

De noche sobresalía, el farol, una luciérnaga artificial muy laboriosa.

Y las horas de trabajo ya no serían eternas y se pagarían hasta todas las perras gordas y chicas, y habría economato, y habría pensión de jubilación, y médico propio y distintivo, llamado Don Tomás Gómez -en mi tiempo y para mis males con Pizarro de practicante-; y había Farmaceútica y Médica -para operaciones- y madre Conce, mi abuela, encontraría su primer trabajo como guardabarrera -uno der los primeros oficios modernos de la mujer española-.


El frío, el calor y la lluvia tampoco le robaría el pan a los hijos de los ferroviarios.

Y los hijos de los ferroviarios estrenaríamos en Llerena las litronas de Fanta, tanto de Naranja como de Limón, procedentes de Sevilla; y, cómo no, las novedosas mercancías de Galerías Preciados de Sevilla, algunas de las cuales conservo en mi Museo personal y las tortas "Inés Rosales" -nuestros padres ferroviarios eran nuestro propios "cosarios"-.

Algún ferroviario, destinado en Jerez, hasta puso un pequeño comercio de aquellos sorprendentes multibolígrafos de infinitos colores.

Y vinieron los orfanatos para que los huérfanos o sus viudas no bajasen al nivel de la pobreza o la miseria.




No ganaban los ferroviarios mucho; pero cobraban a final de mes -algunos, los de Movimiento, “ganaban hasta menos”: perdían el importe de una propina a determinado compañero de la estación; y, et voilá, una nueva nominilla rebajada con destino a la señora esposa a la que “se engañaba” con algún duro.

Con las vías llegaron los masones y los republicanos y los sindicalistas y los nuevos intelectuales.

En Llerena, parece ser, que se formó como masón Eugenio Macías Rodríguez, calamonteño y empresario emeritense, primer Presidente del Liceo de Mérida, editor del periódico emeritense "La República" y concejal republicano en tiempos de Alfonso XIII en la actual capital extremeña.

Sin duda, fueron los ferroviarios los primeros trabajadores que tuvieron tiempo para leer; y no sólo leían novelas, también leían políticas y sindicales.

En Mérida, llegó y se desarrolló con los ferroviarios el Cine; ¿ sucedería lo mismo en Llerena?

Es decir, con el Ferrocarril llegó la Modernidad; también el cuestionamiento de sus excesos liberales; por tal muchos Factores de Circulación pusieron en circulación trenes republicanos en los ayuntamientos extremeños por donde había carriles.

Hasta llegó lo del manido “manda dinero para Llerena que la cosa está buena”, porque en donde hay dinero, se consumen todas las alegrías y placeres existentes...



Entonces, sólo a algún jilipi se le ocurriría cantar aquella estupidez  de “no te cases con un ferrocarrilero” -que ya de por sí es de jilipollas empedernido e intrínseco, la fea traducción de la hermosa palabra “ferroviario”-.

En Llerena, al contrario, la soltera, con buen tino y mejor gusto, suspiraba por un amor de entre vías estacionado en su andén…:

♫ “La bata porque sí,
la bata porque no;
la bata me la pongo yo
para ver si encuentro un novio
maquinista o factor”.

Que ya podía llover a chuzos, como aquella noche que, en pleno campo más allá del cementerio, en vez de aparecerse la Virgen María, se apareció la más grande tormenta que hubo en muchos siglos en la Campiña -fue el final de aquella vidente que pudo acabar en el regato-; que ya podía llover a chuzos, de día o de noche, que el agua no empapaba los raíles.


De izquierda a derecha: famillia de ferroviarios, Carvajal y Mateos, de Calamonte en Llerena-
Mi abuelo Gregorio Martín de Rodrigo Sánchez transmutó las raídas estepas siberianas por el silbido de las máquinas -ya no contaría ovejas para dormir; el traqueteo del tren sería su nueva música celestial-. Su suegro “lo enchufó” en la Modernidad, que lo del ferrocarril se transmitía “de padres a hijos del cuerpo -también a los hijos políticos-”.

Pero él no vino del M.Z.A. de Calamonte a Llerena; fue su yerno junto con su hija quien trajo a Llerena del M.Z.A. desde Calamonte nuestros genes siberianos y calamonteños/zarceños a Llerena - aunque ya eran tiempos de R.E.N.F.E-.

Un buen día, el calurosísimo 29 de agosto de 1955, acunado por el canto de las chicharras, nací yo en la Calle de la Cruz, entonces, número diez.

A esa hora entraba un tren en Llerena; el silbido de si máquina me daba la bienvenida.


Y, decían los ferroviarios, de guasa y cachondeo, que la Compañía del M.Z.A. que gobernó con propiedad la Línea de Mérida a Tocina/Los Rosales hasta 1940, significaba “Mantenemos Zánganos y Alcagüetes” y que R.E.N.F.E, venía a ser “Robamos, Estafamos, Nosotros los Ferroviarios Españoles” o, más propiamente: “Renegados Estamos Nosotros los Ferroviarios Españoles”.

¿Por qué se vino mi padre a Llerena?

Humildemente, yo creo que en las ciudades importantes con estaciones importantes desde hacía algún tiempo no se presentaban al trabajo muchos antiguos y buenos compañeros, según su testimonio -y mi padre era un hombre de bien y de recto entender y juicio justo y sosegado-.



Por cierto, antes de ser entretenedor de niños y sufridor de sus malasuvas y malasleches en Llerena, “El Requeté” también fue ferroviario del M.Z.A. 

Pero, a mi padre, como a aquellos compañeros del 36, también alguna fatua fatal proclamada por el destino en un momento de desatino le espetó:

“y ganarás el pan con el sudor de tu rostro;
y con las lágrimas más amargas de tu alma
y con la sangre más dolorosa de tu corazón
regarás el trigo de tu pan y del de los tuyos…”

El tren, en algunas de las ocasiones, vuelve sus railes contra los mejores de los suyos; también su negra carbonilla a modo de luto para el cuerpo y el alma.

Sin embargo, el tren es Vida.

En Llerena fue sangre de vida y de sueños hasta los finales años sesenta; entonces, parece ser, que el futuro dio una vuelta hacia el pasado y los ferroviarios llerenenses fueron desparramados dolorosamente por lugares extraños y lejanos: el terrible País de Irás y No Volverás.

En la ciudad de Mérida, 29 de junio de 2016.







lunes, 4 de enero de 2016

EL AÑO JUBILAR DEL TEMPLO DE NTRA. SRA. DE LA GRANADA. 1ª PARTE.


INTRODUCCIÓN.
Para 2016  S. S. el Papa Franscisco ha concedido un Año Jubilar Mariano a la hoy Iglesia Parroquial y antes Iglesia Catedral/Prioral  de Ntra. Sra. de la Granada; como quiera que me encuentre realizando un trabajo para la conmemoración del “Anno Giubilare Eulaliano” dedidicado a Santa Eulalia de Mérida y concedido a  su templo en la población italiana de Sant´Eulalia di Borso del Grappa en la Diócesis de Padua, quiero compartir con mis paisanos llerenenses algunas notas definitorias de qué es un  “Año Jubilar” particular, específico o extraordinario como es también el del Templo de Ntra. Sra. de la Granada.

ANTECEDENTES HEBREOS DE LOS AÑOS JUBILARES CRISTIANOS.
LA SEMANA DE SIETE DÍAS.
El número 7 dentro la Teología hebraica es uno de los de mayor uso, importancia y trascendencia para determinar sus Ritos Litúrgicos; lógicamente, también para los cristianos; Yavé creó el mundo en seis dias y al séptimo día descansó según el Génesis, 1, 1- 31. En memoria de esta creencia se estableció entre ellos la Semana Vital o Laboral que ha tenido su continuidad entre los cristianos que cambiaron el sábado por el domingo al tener este por el día de la Resurrección de Cristo (Mateo 28).









EL AÑO SABÁTICO.



A una escala de tiempo un poco mayor había entre los hebreos otra Semana o Ciclo sabático intermedio, también de proclamación divina, cada siete años, pero que no tenía más finalidad que la de ser un año sabático para la actividad agrícola (por razones obvias este año sabático no podía incluir al ganado y a sus pastores). [i]





EL AÑO JUBILAR HEBREO.


El tercer Ciclo Sabático, basado en el número 7, era el Año Jubilar propiamente dicho, y es en el que se inspiran directamente nuestros años jubilares ya que su fin es el del Perdón, en nuestro caso, de las deudas para con Dios o  los Pecados personales.
Así, el Año Jubilar, tanto católico como ortodoxo,  tiene su origen en una de las celebraciones litúrgicas principales del pueblo hebreo bíblico que se celebraba cada ciclo finalizado de 49 años (Le. 25, 8):
Lev. 8.Contarás siete semanas de años, siete veces siete años; de modo que el tiempo de las siete semanas de años vendrá a sumar cuarenta y nueve años.

Sería establecido por Yavé en el Monte Sinaí antes de la ocupación de la Tierra Prometida (Lev. 25, 2); con plena seguridad, al parecer, se celebró hasta inmediatamente antes del Cautiverio de Babilonia.
Su denominación de “Jubileo” procede del vocablo “yobel” que significa  “carnero” ya que se anunciaba a través de los sonidos del cuerno de este animal.
Lev. 9. Entonces en el mes séptimo, el diez del mes, harás resonar clamor de trompetas; en el día de la Expiación haréis resonar el cuerno por toda vuestra tierra.

Pero en el Cristianismo, al hacerse la traducción al latín, San Jerónimo introdujo la consecuente noción de “júbilo” por homofonía entre la palabra semita y su correspondiente latina: “iubilum”, grito de alegría de los pastores; no obstante la noción de tiempo de remisión no ha perdido su valor ya que es su función fundamental al tiempo que proporcionar la alegría por el perdón y la reconciliación .
Este año Cincuenta o Año Santo o Jubilar era una Fiesta  de suma importancia y gran trascendencia social según el Levítico; era la Gran Semana de la Semana judía, de forma que era la semana normal elevada al cuadrado (7x7 días), es decir, un Ciclo Sagrado de mayor consideración que el Ciclo de la Semana de Siete Días, inspirada en el Ciclo de la Creación según el Génesis; de aquí que el año 50 pasaba a ser como el sábado de la semana normal, es decir, un año de descanso o “sabático” para las labores agrícolas.
Pero dada su excepcionalidad la dejación del trabajo agrícola se acompañaba de otras acciones muchos más trascendentes socialmente como la puesta de los siervos (esclavos) israelistas en libertad o la restitución de las posesiones que se habían comprado.
En realidad no habría que forzar la interpretación para comprender que lo que se pretendía era representar el estado de inocencia del Paraíso según los hebreos o de la Edad de Oro según los idólatras, los cuales han sido un poco más explícitos y referían la existencia exclusiva de la propiedad comunal, de la ausencia de actividad agrícola o de que la tierra proporcionaba suficientes alimentos,  etc.:
La gran hilera de los siglos empieza de nuevo. Ya vuelve también la virgen, el reino de Saturno vuelve. Ya se nos envía una nueva raza del alto cielo...  El suelo no sufrirá a los rastrillos, ni las viñas a las hoces; el forzudo labrador desuncirá entonces también los toros del yugo...”
Virgilio. Bucólicas.

Antes vivían sobre la tierra las tribus de los hombres sin males, y sin arduo trabajo y sin dolorosas enfermedades que dieran destrucción a los hombres...”
HESÍODO. Trabajos y Días.

Esta consideración de la propiedad a tiempo parcial, a ojos de hoy día, especialmente tras la imposición del concepto de la propiedad liberal-burgués a partir de la Revolución Francesa, sería algo desconcertante y poco comprensible; pero es que, entonces, la propiedad sólo lo era por tiempo definido y en préstamo ya que ésta, en los términos absolutos actuales, sólo le pertenecía a Yavé quien se proclamaba el verdadero propietario de la tierra y de su contenido, declarando, por ende, a los hombres, a todos los hombres de nación israelita -sin embargo-,  como sus temporales usufructuarios.[ii]
Ahora bien El Año Cincuenta o del Jubileo era un tiempo Santo que no sólo afectaba a la recuperación de la propiedad agraria; también a la libertad de los siervos de origen israelita, tal como ya hemos enunciado:
Lev. 10. Declararéis santo el año cincuenta, y proclamaréis en la tierra liberación para todos sus habitantes. Será para vosotros un jubileo; cada uno recobrará su propiedad, y cada cual regresará a su familia.
Es decir el Año del Jubileo tenía como fin la recuperación de la condición de hombre libre para quien había caído en alguna deuda.
Próximamente  veremos su correlato con el Jubileo Católico que se le ha concedido por S.S. el Papa Francisco a quienes visiten el templo o iglesia de Ntra. Sra. de la Granada en este Año Santo o Jubilar Mariano.







[i] Lev. 25, 3.Seis años sembrarás tu campo, seis años podarás tu viña y cosecharás sus productos;
4. pero el séptimo año será de completo descanso para la tierra, un sábado en honor de Yahveh: no sembrarás tu campo, ni podarás tu viña.
6. Aun en descanso, la tierra os alimentará a ti, a tu siervo, a tu sierva, a tu jornalero, a tu huésped. que residen junto a ti.
7.También a tus ganados y a los animales de tu tierra servirán de alimento todos sus productos.

[ii] Lev. 23. La tierra no puede venderse para siempre, porque la tierra es mía, ya que vosotros sois para mí como forasteros y huéspedes.
24. En todo terreno de vuestra propiedad concederéis derecho a rescatar la tierra.
25.Si se empobrece tu hermano y vende algo de su propiedad, su goel más cercano vendrá y rescatará lo vendido por su hermano.
26. Si alguno no tiene goel, adquiera por sí mismo recursos suficientes para su rescate;
27. calcule los años pasados desde la venta y devuelva al comprador la cantidad del tiempo que falta; así volverá a su propiedad.
28. Pero si no halla lo suficiente para recuperarla, lo vendido quedará en poder del comprador hasta el año jubilar, y en el jubileo quedará libre; y el vendedor volverá a su posesión.

domingo, 13 de septiembre de 2015

LLERENENSEANDO (Actualizado).PUES AMARGA LA VERDAD... Antonio Mateos Martín de Rodrigo.

lunes, diciembre 22, 2008

PUES AMARGA LA VERDAD...
(Vísperas de ψωσις τοῦ Τιμίου Σταυροῦ)

Pues amarga la verdad y escuece y duele como tizne de cardencha; y lo peor es que nunca cicatriza, siempre es herida abierta, ensangrentada; y por ella se pierde y se va y exhala todo a borbollones de desesperanzas; pero sin quererlo escribes una nueva novela que, quizás, ni tú mismo nunca leas.

La Ley del Secreto es, finalmente, transgredida por la Ley de los Sentimientos.

Y sientes que no mientes; que la Mentira -sigue la evolución del cuerpo humano- no es un sentimiento ni dos pensamientos ni medio adverso sino un dolor aún mayor que la Verdad -siempre desnuda como feliz adanieva-.

Y, aunque, la Verdad duele y te aprieta contra las tablas o como condena a prisión mayor a muerte puedes regodearte en ella.

Y, en ella buscas tu casa y tu calle y ya no hay chinas para romper los carámbanos de las ventanas del alma ni tierra para los hoyos del “guá” del corazón.

Y encuentras tu calle ocultando a la madre Gea bajo una espesa capa de gris inmundicia; y en tu vida y en su piel no hay lugar para cristalas, ni cristaleños irisados.

Entonces sólo había dos coches, un Land Rover a la caída del sol y un taxi negro, y una moto, la de Antoñito el de la Rubia, con matrícula de Granada.

Y si te haces una torcedura, el alma se te queda ladeada y alelada para los restos de la fatal resta que es la vida. ¿Se llamaba Antonia? tampoco podrá enderezarte.

Hasta no puedes limarte las uñas de las manos arrancando tierra para hacer bolos o bolindres o figuras de barro a las que insuflar tu aliento, aún sin sarro ni necesidad de colgate.

Bueno era el Lagarto del Economato de Renfe, el Tu-tú del Caja -mejor el indio juguetón de plástico que venía dentro-; buena era la pastilla casi alérgena de Magno la Toja que te borraba hasta la mugre de las rodillas, también de juguete, en el Arrabal.

Y para el uso basto los jabones hechos por mi madre a quien yo ayudaba en la antigua cocina del piso de arriba; elemento esencial, papeles de periódico con noticias, en ocasiones necesitadas de, hasta asperón, de Llerena.

En mi calle, por la mugre del progreso, he perdido el río para los frágiles barquitos de papel cuya proa puede ser la popa y su ahogo era inmediato, como ahora el de las fatales pateras y otros ataúdes gigantes.


En ellos se te iban los malos pensamientos, los peores sentimientos; y “de por arriba” te venían buenos presentimientos; la Verdad es como una gota de agua en la corriente de la regadera.

Y grande es la pérdida: que no volverán los tebeos ni los cuentos con sus jaimitadas y sus ensueños; ni los indios de plástico -soldados y vaqueros, tanques y aviones- ni el exin blok, ni el motocarro, ni los juegos reunidos geyper, ni las procesiones con la silla al revés, ni los cacharros de feria de puerta…

Hasta se ha perdido la Feria de Calle y nadie saca las mesas del comedor a la puerta para invitarte a sentarte y compartir un trozo de amistad y un trago de vida compartida.

Y, es que entonces, todo estaba al revés: te creías algo y, sin embargo, como todos, sólo eras alguien; al reír creías que a tu alrededor sólo había bullicio y alegría; si llorabas, las lágrimas superponían las manos en forma de oración, como en acción de gracias; y cuando jugabas al burro o al pincho te creías que todo el mundo era caramelos y estrellas (y el sol tibio de primavera).

Pero en Argentina, maldita realidad redicha una y otra vez, a los perros no los ataban con longanizas.

Pero tú sentías como que las cabezas de los negritos del Domund eran tan reales como las espadas y fusiles que las cortaban y yo, me decían, no tenía edad para preocuparme de qué sucedía en Vietnam.

Pero yo oía contar las aventuras hermosas y terribles de Don Lucio y de su esposa Manolita en el Congo Belga; pero yo, aunque no tenía FM, sí tenía onda corta y hasta un amigo que era comunista y que quería que yo también fuese comunista; pero nadie sabía que yo, como todos los niños, había aprendido a mirar de soslayo; sólo que mi ventaja consistía en que yo tenía gafas -pero nunca para echar un bruche; que se desprendían con ansiedad irreprimible-.

Realmente en la infancia todo el mundo está al revés; y tú haces equilibrio en la vida sobre una peligrosa guita -¿te acuerdas que las hacían junto a la plazuela de la Plaza de Abastos?; pero tus ojos, afortunadamente, sólo miraban hacia el futuro -“tengo siete años, pero me falta un mes para los ocho” sentenciabas como aprendiz de filósofo existencial-.

Quizá por ello se sobrevive a la infancia ya vuelto a la realidad en donde el norte es una clara injusticia contra la Verdad y la Vida, el sur un clavo bien clavado en cuerpo y en alma, el este un amanecer de película del oeste; y éste, entretanto, un lugar triste de recogimiento…

Y en tu calle el sol ya no proyecta en la tierra las sombras de aquellos que, durante muchos y buenos días, fueron tu sol y un regalo de flores y frutos: casi todos ellos duermen dentro del árbol cuyas ramas crecen hacia el Paraíso.

Ojalá haya un hueco de tiempo y espacio en este espacio y tiempo en que me encuentre mi calle inversa: la Verdad se escribe al revés y, en mi vocabulario, significa “devolved la mirada” … 

La Cruz marca el punto de encuentro... 
y Alguien, hoy hace un año, como predestinada, se encaramó a ella asida a la única Esperanza que tenía cosida en el alma.

La Cruz es Escalera de Madera, casi como la que hizo mi padre y desde la que yo subía en nuestro patio a la suma y a la multiplicación. 

Uno por uno es uno; dos por ti... MADRE.

Y, mañana, hará un año cambiaste la madera de la Vida por la Madera del Sueño...

Ésta también florecerá por ti, para ti.



martes, 11 de agosto de 2015

GAÑOTES, PESTIÑOS Y PRESTIÑOS. (REIVINDICACIÓN DEL VOCABLO “PRESTIÑO”, UNA RELIQUIA LINGÜÍSTICA LLERENENSE) . Antonio Mateos Martín de Rodrigo.


A las monjas de Santa Clara, famosas por sus celestiales manos y celestial espíritu dulcero.

Ayer noche, Francisco  Cuadrado  y Francisco Hernández Puyol nos ponían, en Eres de Llerena, ante la Pastelería de las Pelicanas y de paso frente a los pestiños, prestiños  o gañotes.
Prometí encontrar el nexo entre estas tres palabras, interpretadas de las más dispares maneras, y he aquí el resultado.

Como  “el pato, el ánsar y el ansarón, tres cosas suenan y una son…”.
El  Diccionario de la Real Academia de la Lengua -DRAE-, en su útima edición,  recoge las tres palabras: “pestiño” como equivalente a  “prestiño”  y, por otra parte, “gañote”;  todas son consideradas en él como “frutas de sartén”.
La denominación de “gañote” vendría  de su forma -Género de fruta de sartén, que se hace de masa muy delicada, con la forma del gañote -, y las de “prestiño” y “pestiño” por la forma de elaboración.
En ellas añade el DRAE para “gañote”: “Fruta de sartén, hecha con porciones pequeñas de masa de harina y huevos batidos, que después de fritas en aceite se bañan con miel”.
Asombrémosnos; los “pestiños”, “prestiños” o “gañotes” se derivarían del mismo vocablo que “el pisto”; así el último DRAE recoge que procede del latín “pistus, majado, batido”.
Ahora bien, Corominas y Pascual, en su Diccionario Crítico y Etimológico Castellano e Hispánico recogen su primera fecha de aparición en 1543  a la vez que dan la información más completa al situar el origen directo de la palabra “prestiño” en el occitano “prestinh”, “panadería, cuarto en donde se hace el pan y los pasteles”, del latín vulgar “pristinum”, derivado de “pristinum”, “oficio de de panadero” que se deriva, a su vez, de “pistor”, que es el nombre latino del “panadero” y éste de “pinsere” que significaba “machacar y moler”.
Y, añaden, lo cual es muy significativo: “por influjo de “pisto” aparece en castellano “pestiño” ( Academia, siglo XIX)”; en realidad, la Real Academia lo que introdujo en un tiempo ya muy tardío fue confusión.
Antes de la introducción del vocablo “pestiño” por la Real Academia su Diccionario de Autoridades” -1726-1739-, el primer Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, sólo recogía la palabra “prestiño”; paso a recoger su interesante definición y que pone en jaque la forma de presentación como una sola y única:
“PRESTIÑOS, F, M. Cierta especie de fruta de sartén, que se hace de massa de harina, huevos y canéla, de la qual se forman unos rollitos  de la hechura de piñónes, los quales se frien en manteca ó azeite, y luego se les echa miél muy espumada, y puesta en mucho punto, y se van formando unos montoncillos en figura de piñas ú otras cosas […]”.
Es decir, la palabra “prestiño” es la más correcta, la más antigua y es la que yo oía, y por tanto, se usaba en Llerena; es decir, “prestiño” es un vocablo más perdido en el rico y muy antiguo habla de Llerena…
No obstante, y en honor a la verdad, la palabra “gañote” en el siglo XVIII era, para la Real Academia, un vocablo singularmente extremeño; en su Diccionario  de Autoridades daba la definición concreta de mis “prestiños” infantiles: "GAÑOTE. Por semejanza se llama un género de fruta de sartén, que hacen de massa mui delicada, con la figura y forma del gañote. Y especialmente en la Estremadura se llaman asi […]".



En la ciudad de Mérida a 11 de agosto de 2015.

domingo, 9 de agosto de 2015

MENTIRAS EN REHABILITACIÓN LAS PRECISAS Y ESTA FUE ESTÚPIDAMENTE AHORRADORA. Antonio Mateos Martín de Rodrigo.

La ilustración es bastante anterior al año 1887.
En Mérida el  Arquitecto Sr Menéndez Pidal como rehabilitador tiene fama  asociada a la sonrisa irónica; parece ser que cuando rehabilitó las columnas del denominado Templo de Diana, en realidad un Templo dedicado al Culto Imperial, "se le olvidó" decirle al picapedrero que las columnas han de tener entre 22 y 24 acanaladuras, estrías o surcos verticales; cuando lo oí comentar en una conferencia, sinceramente creí que sería por ahorrar... 

Claro es que en aquella temporada de la Historia se ahorraba bastante en impuestos y en derechos y, sobre todo, en izquierdos...

Pues sí, este señor SúperArquitecto del Régimen debió de tener el ahorro por lema, tema y sistema porque no sólo restaría acanaladuras, estrías o surcos verticales en la rehabilitación del denominado Templo de Diana en Mérida, también le aplicó un severo régimen de adelgazamiento al Palacio de la Inquisición de Llerena; sin más miramiento que ahorrar unas pesetillas, restaría una terraza en "nuestro" Palacio de la Inquisición de Llerena, posiblemente en esta época de la fotografía Templo Masónico, año de 1887.

Y, es que la Verdad o la Mentira no sólo vienen de las plumas al interpretar la Historia; también de las arquitecturas...


En la ciudad de Mérida a 9 de agosto de 2015.

lunes, 3 de agosto de 2015

EL COLEGIO NTRA. SRA. DE LA GRANADA DE LLERENA Y SUS MILAGROs MATEMÁTICOS. Antonio Mateos Martín de Rodrigo.

A mis amigos de "Cesta y Puntos".

Cuando naces, aunque pequeño o mínimo, un resumen y preciso esquema del Universo, viene al Mundo para ser un mini mundo -no confundir con un accidental  "minungui"-; y, tal lo indicaría, muy fielmente, esa espiral que ves sobre tu cabeza -popularmente llamada "remolino"-

La espiral de la coronilla es el Adeene común de todo bicho y animal moviente o cosa que se desplaza y nosotros mismos o todo lo que nos rodea -"remolino" es un también sinónimo de "revoltillo", algo propio de los espíritus y cuerpos con vida excesiva- ; así la espiral es la imagen quieta y universalizada del movimiento o del desenvolvimiento, de la Evolución -pero no según Darwin y sus neocontinuadores, los liberales burgueses de la Ciencia cuyos hobbyes nos llevaron a la mortífera desintegración del átomo sobre las gentes de Hiroshima y Nagasaki  o la invasión de China y etc., a la de Polonia, Francia y etc.-.

La Espiral es la Línea Recta soplada por el Aire en tu boca, o por el Espíritu In principio; que por la Voz, que se traduce, al soplar, por "Hágase" la Luz, la Vida; y el Esqueleto como inicial recuerdo expreso y expresa y postrera fotografía de la caminata, revoltillo o remolino vital.

Pero vayamos al mundo real.

Hasta primero de bachillerato, plan del 57, matemáticamente yo era un niño feliz -el bueno de Don José me había enseñado que las prisas eran malas consejeras-; pero la muerte de Don Tomás, mi médico de cabecera, me trajo la infelicidad. 

Claro es, que hasta como médico era óptimo y como lo suyo era "de cabecera" pues quitaba bastantes dolores sin Optalidón ni Okal;  y, cuando me recetaba inyecciones -entonces muy frecuente como remedio-, mi amigo Pepe, su practicante anterior al entrañable Pizarro, me las ponía sin agujas... y hasta yo iba sólo al consultorio con siete u ocho años - de edad-.

Pero, a partir de segundo de bachillerato las matemáticas me atravesaron el alma y dejaron huellas sangrantes en ella y en mis manos -y yo no era beato que somatizase las llagas de Cristo...-.

Maldita la gracia, el ojo porro no rompía las palmetas.




Yo, como gato escaldado me apartaba, selectivamente, del hecho o suceso o evento matemático, hasta el mes de agosto en que hacía la recuperación y Don Isidoro cogía la tiza y hacía la explicación.

Y cuando el Plan de Bachillerato del 57 tocaba a su fin y enfilábamos la última Reválida de 4º, la que te daba certificado oficial de presumir de ser "hombre" y la cual, por consecuente, te daba puerta abierta a determinados trabajos algo intelectuales, sucedió que...


Como yo, entonces, no me estaba nunca quieto resulta que mis gafas, fatalmente, se dirigieron al suelo en los momentos previos al Examen...; afortunadamente en la parte superior quedó un trozo lo suficientemente grande para ver.

Pero, lo peor venía en el problema de Matemáticas; Don Isidoro lo había presentido -éste puede salir, así que atentos-; pero mi mundo, como siempre, se encontraba en el Mundo de las Ideas...

N.B. Los vigilantes siempre durante el Estudio observaban mis dedos; si los recorría interpretaban, correctamente, que estaba escribiendo poesía.

Y castigado el Domingo por la mañana, Día del Señor..., a "estudio".

- Hasta recuerdo que tenía que llevar al Colegio autorización paterna para poder asistir a Misa de mi Parroquia... (este punto no se respaldaba en el Concordato recién aprobado, año 1957, ni en el Derecho ni en el Deber Canónico...) .

Y salió el problema "presentido" y yo, claro, no sabía el desarrollo.

No obstante, como siempre he tenido un fuerte complejo de rata lista e inteligente en engorrosos e imposibles laberintos de Cnosos y de catedrales góticas, me puse a discurrir y me eché al ruedo con mi imaginación por capote, espada y arte...

¡Ele!

Al salir del examen comencé a preguntarle por el resultado del problema a los que parecían más empollones; pero nadie coincidía en mi resultado.


Malo.

Para aliviar las penas un grupo de amigos y compañeros decidimos conocer la Calle Concepción; al regresar y, a la bajada de la Calle del Obispo, nos topamos con D. Isidoro que me espetó: "¡Qué has hecho!".


¡Madre del amor hermoso y Santa Bárbara Bendita!; si yo sólo había ido a mirar la calle, que sólo tenía dinero para un paquete de "Tres Vintes" y quería llegar entero al matrimonio...

Afortunadamente, Don Isidoro me alivió el espíritu inmediatamente, no con un cachetazo; el catedrático corrector lo había llamado porque uno de sus alumnos había ideado una fórmula diferente para resolver el problema planteado...

¡Y ese alumno era yo¡

No obstante, no me sentí bajo el Síndrome del Burro Flautista; mi amatemicación era un lapsus, según luego, me aconsejaría entender Sócrates... quien, en su afán didáctico, decía que había que tomar el camino más adecuado y adaptado al alumnado....

De cualquier manera mi camino estaba ya predeterminado, acaso desde la eternidad, y, para siempre, seguiría, siendo de Letras.

Sin embargo...

Por los años ochenta del siglo XX descubrí una revista traducida del norteamericano -sí, del  "norteamericano"- llamada  "Investigación y Ciencia"; al parecer, su aportación básica y más importante había sido la de ignorar las formulaciones matemáticas.

Para alguien de Letras era, pues, como encontrar la Llave que abría la Puerta de la Sabiduría Perdida y Oculta durante años.

Y...¡ tachín, tachán! descubrí en la Revista la Geometría Fractual y la Teoría del Caos y me hice seguidor de la Teoría General de Sistemas.

Y, enredando, enredando, descubrí algo por lo que si fuese matemático ya me hubiesen concedido su premio Nóbel.

Cogí un triángulo equilátero y le dije que se diese una vueltecita; de ese movimiento de girar sobre su centro resultó una Circunferencia.

A continuación le dije a la Circunferencia que también se diese otra vueltecita sobre sí misma; y de tal giro sobre su centro resultó una Esfera.

Y una vez surgida la Esfera también le dije que se moviese sobre si misma. 

Y surgió la Espiral...




Bueno, en realidad lo único que hice fue crear un Sistema de Transformaciones Afines -girar sobre el centro-, sobre un Generador - el triángulo equilátero-; es decir,  formulé un sencillo Algoritmo o una sencilla regla repetida o iterada para crear nuevas Criaturas Geométricas... 

Y recordé que en Cuarto de Bachillerato también estudiábamos Física y Química, con la querida Doña Matildina; ¿podría aplicársele esta Modelación Matemática a la Química?

Para ampliar conocimientos:

http://miscelneadesdemrida.blogspot.com.es/2007/01/la-espiraliii.html

En la ciudad de Mérida a tres de agosto de 2015.